Batumi… La puerta de Georgia

Llovía a cántaros. La ruta desde Trabzon discurría paralela al mar. Un cielo gris coronado de negras nubes amenazaba con más tormenta a cada paso que dábamos. El paso de la frontera fue fácil. Salimos de Turquía, sellito de salida. Entramos a Georgia… y antes de ponernos el sellito, el policía de la garita tuvo que ir a preguntar si teníamos entrada libre con pasaporte español. La respuesta es sí. Todos los pasaportes de la UE entran sin visado a Georgia por un plazo de 180 días. Volvió y nos puso el sellito de entrada… Welcome to Georgia!

Llegada atropellada

No sabemos si es porque llegamos desde uno de los países más hospitalarios del mundo, o si es que Batumi no está acostumbrada a ver turistas que no sean ni rusos ni turcos, pero nuestra llegada fue bastante desafortunada. Para empezar, teníamos reservado (y pagado) un alojamiento a través de Airbnb. Al llegar al lugar que decía la web, la casa no estaba. Preguntamos a un transeúnte por la dirección y si podía dejarnos enviar un mensaje con un móvil local y nos dijo que sí… mientras marcaba nos dijo que eso tenía un coste. 5 Laris! (2€ al cambio!!) Alucinados le dimos las gracias y declinamos su ayuda… nos fuimos a comprar una sim georgiana que nos costó 3Laris, y descubrimos que el minuto de llamada sale a 0,05Laris.

Hablamos con la dueña de la casa y resulta que la dirección estaba mal… y lo peor, es que nos dijo que teníamos que volver a pagarle! Que le parecía poco lo que ya habíamos pagado… Nos peleamos, cancelamos, localizamos un hotel de última hora, conseguimos que nos devuelvan el dinero, y al día siguiente volvimos a intentarlo y nos pasó lo mismo… anuncian por 30Laris pero al ver que somos europeos nos piden 60… para que os hagáis una idea, el hotel en el que estamos, la habitación doble con baño privado son 40 Laris (nos pedían 80 al principio, pero regateando, se quedó en 40)… Así que desistimos con los alojamientos de Airbnb. Probamos con Couchsurfing y sabéis qué? También nos pidieron dinero! Jajaja aquello ya era el colmo… Salimos a la calle e incluso las adolescentes bien vestidas te piden dinero. Exagerado! Nos tomamos una cerveza (todo esto en menos de 24h) y al traernos la cuenta, reza de la siguiente manera: 2 birras x 2 Laris = 5. … al preguntar nos dicen que es el “tax service” que es un 10%… al ver nuestra cara de incredulidad (1 lari es un 25% de 4, no un 10), lo corrigen como si nos hicieran un favor! Creo que eso es lo que más nos ha molestado… que encima son ellos, todos los que nos han intentando estafar en menos de 24h los que nos han perdonado a nosotros. Esperemos que esto sea solo en Batumi y no se extienda al resto del país… porque Georgia es un país que nos apetece mucho disfrutar!

Batumi… las Vegas del Cáucaso

Aquí estamos, a tan sólo 15km de Turquía en una ciudad llena de rascacielos, casinos, prostitutas, calles decoradas y perfectamente asfaltadas, fachadas restauradas, paseos marítimos, restaurantes con comida internacional, limpia… muy limpia, con papeleras… y dónde se recicla! Es increíble que a tan poca distancia, haya tantas diferencias entre las ciudades.

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Es bonita, con fachadas victorianas que alternan con edificios modernistas, plazas muy cuidadas con fuentes muy artísticas. El agua es potable… hay decenas de fuentes en las calles que funcionan, de dónde brota agua fresca y deliciosa. Ya no hay que comprar más botellas ni que cargar con ellas. Flores y jardines por doquier dibujando paseos muy agradables a lo largo de la playa… Bueno, playa… un empedrado doloroso a los pies y la espalda que ellos disfrutan como si no hubiera mañana.

Playa

Sentada en la “playa”, fueron decenas de personas las que pasaron vendiendo cervezas, refrescos, panes, frutos secos… de todas las edades y sexos. Niños, abuelas, hombres, mujeres… van desfilando cargando sus neveras o su material. Poco caso les hacen, aunque supongo que si pasan es porque tarde o temprano alguien les compra. Justo en medio de la playa, se encuentra el embarcadero… un lugar para el ocio que aglutina todo tipo de bares y restaurantes caros y muy glamourosos.

Batumi está diseñado para recorrerla en bici. Y el ayuntamiento tiene un servicio de alquiler de bicicletas… otro tropiezo que acabó de rematar nuestra estancia aquí.

Debes sacarte una tarjeta, que cuesta 4 Laris y ahí debes recargarla, 1 hora 2 Laris. Es decir, la primera hora de bicicleta te cuesta 6 Laris. La chica registró las dos tarjetas con el mismo pasaporte… eso es lo que creemos que fue el error, aunque ella no se molestó en averiguarlo. Al salir no había bicis, tuvimos que andar para encontrarlas… al llegar, la fecha de nacimiento, que te la pide a modo de contraseña, estaba mal. Así que el Sr. Ets tuvo que volver andando para que lo corrigieran. Volvió al punto dónde estábamos y ya no quedaban bicis, así que de nuevo fuimos andando más lejos. Al llegar una tarjeta iba, pero la otra no… vuelta a la oficina de información… así hasta 3 veces. La bici que pudimos sacar tenía los frenos cortados… Al final, nos devolvieron el dinero y tan amigos. Justo enfrente hay un sitio que se alquilan por 5 Laris la hora… si vais a hacer una hora os sale más barato y si vais a hacer más de una hora, regatead!! Porque esto es la jungla del regateo!

Bicis

Hay muchas iglesias infiltradas entre la trama urbanística tan moderna de la ciudad ya algunas son una verdadera joya. Ortodoxas, Católicas y ortodoxas georgianas. Aun no tenemos muy claras las diferencias entre la iglesia ortodoxa y la ortodoxa georgiana… Si alguien las conoce, nos sería muy útil conocerlas!

Las iglesias son muy oscuras, muy pesadas para el ánimo. La gente demuestra mucho fervor… se santigua al pasar por delante, se santiguan 3 veces si entran, besan los cuadros, encienden velas, pasean de cuadro en cuadro, de imagen en imagen cargando pequeñas velas que se quedan encendidas, el olor a incienso invade hasta el más pequeño rincón y la sobriedad de las escenas hace que necesites sentarte para verlo y respirar. Eso me pasó con la iglesia georgiana de Batumi, me quitó el aliento hasta el punto que tuve que entrar dos veces a verla. Hermosa por fuera y por dentro.

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Aunque la más imponente es sin duda la catedral… ajardinada en su exterior y con sus puertas siempre abiertas, consiguió retenernos durante una hora alucinados no sólo con la decoración si no con lo que dentro sucedía: sus rituales, sus feligreses y toda esa devoción concentrada en un solo espacio.

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Encontramos también una sinagoga, nos llamó mucho la atención, pero estaba cerrada por restauración y sólo abrían para judíos… Una pena que no pudiéramos verla! Varias iglesias más cerraron nuestra visita de lugares importantes, sin que ninguno de ellos nos decepcionara. Un centro histórico muy agradable para recorrer.

Nos encontramos con una infinidad de “fast food” como ellos les llaman, son adictos a comer unos panes horneados rellenos de queso, hot dog, hamburguesa… sí sí, he dicho hotdog… el cerdo ha vuelto a nuestras vidas! La verdad es que son muy pesados, al menos para nosotros, porque están fritos en mantequilla… ponen mantequilla a pegotes en todo y nuestros estómagos no lo están agradeciendo mucho que digamos. Aun así, hay que decir que algunos están deliciosos!

Y por fin, después de 3 meses, nuestras primeras birras en un bar… Adiós Ramadán! 2Laris la birra georgiana cuyo sabor nos recordó ligeramente a las cervezas inglesas… fría… muy fría… que bien entra!

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Pero al cruzar las vías y alejarnos del paseo marítimo, las deslumbrantes luces y las nuevas iglesias, nos encontramos con la verdadera Batumi, aquella que respira y sobrevive a la sombra de los casinos y el glamour… dónde desaparece el asfalto y los días son grises, dónde la fruta se vende en el suelo en cajas de cartón y el barro inunda los inexistentes pasos de peatones… esa Batumi que es el hogar de los trabajadores que hacen realidad el sueño de las vegas del cáucaso… porque siempre hay un “backstage” tras el telón…

Aun así, Batumi no es ni de lejos la Georgia que andábamos buscando, nos pareció un pobre intento de ciudad moderna y del pecado a sólo 15km de un país que cada día está más islamizado… casinos y clubs de alterne hacen las noches mucho más amenas a los turcos que cruzan su frontera… y esa playa de piedras es el motivo por el que rusos y armenios acuden en masa a esa ciudad. Así que decidimos movernos a las montañas del norte, a través de Zugdidi, para ver si allí encontrábamos el verde, la historia y la hospitalidad de la que tanto se habla sobre este país…